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Fundar antes que comprar: la defensa que Argentina aún no decidió

Fundar antes que comprar: la defensa que Argentina aún no decidió

Escrito por G2H Conocimiento híbrido en acción.

En los últimos días, el anuncio de financiamiento para la modernización de las Fuerzas Armadas reabre un debate que, en realidad, sigue pendiente: ¿qué defensa necesita Argentina?

El impulso por reequipar es comprensible. Toda organización que ha quedado rezagada tecnológicamente busca cerrar esa brecha. Sin embargo, hay una trampa conceptual en ese reflejo: invertir primero en capacidades materiales sin haber definido el concepto de empleo es, en el mejor de los casos, ineficiente; en el peor, irrelevante.

No se trata de reconstruir ni de robustecer. Se trata de algo más incómodo: fundar.

Fundar implica aceptar que el instrumento militar heredado responde a una lógica de otra época. Una era donde la masa, la concentración y la previsibilidad eran factores dominantes. Hoy, el entorno ha mutado hacia un escenario caracterizado por la incertidumbre permanente, la dispersión, la velocidad y la integración entre dominios físicos, digitales y cognitivos.

En ese contexto, insistir en modernizar sin redefinir equivale a optimizar una estructura que ya no responde a las exigencias del presente.

La pregunta no es qué comprar.

La pregunta es: para qué, cómo y en qué tipo de conflicto se va a emplear la fuerza.

Del instrumento militar a la defensa distribuida

El futuro no parece dirigirse hacia ejércitos tradicionales enfrentándose en campos delimitados, sino hacia sistemas distribuidos donde la sociedad en su conjunto adquiere un rol activo en la resiliencia nacional.

Infraestructura crítica, redes de información, capacidades industriales, cohesión social y cultura estratégica pasan a formar parte del sistema de defensa.

En ese esquema, el instrumento militar deja de ser un actor aislado y pasa a ser un nodo dentro de un entramado más amplio.

Esto exige un cambio profundo:
no solo en la estructura, sino en la mentalidad.

El nuevo guerrero: antifragilidad e identidad

En este escenario, el centro de gravedad vuelve a ser humano, pero en términos distintos.

El combatiente del futuro no será definido únicamente por su capacidad técnica, sino por su capacidad de adaptación. De operar en entornos degradados, de aprender en tiempo real y de sostener criterio en medio del caos.

Aquí aparece un concepto clave: antifragilidad.

No alcanza con resistir.
No alcanza con recuperarse.
Hay que mejorar a partir del error.

Pero hay un límite crítico en esta evolución: la preservación de la identidad humana.

En un entorno donde la automatización y la inteligencia artificial ganan protagonismo, el riesgo no es solo táctico, sino existencial. La eficacia no puede construirse a costa de diluir aquello que define al individuo como sujeto moral, capaz de decidir y asumir consecuencias.

El carácter —esa variable difícil de medir pero determinante en combate— vuelve a ocupar un lugar central.

El error de empezar por el presupuesto

Volviendo al punto inicial, destinar recursos a la compra de equipamiento sin haber definido este marco conceptual es invertir al revés.

Primero se define la visión.
Luego el modelo.
Después la estructura.
Finalmente, el equipamiento.

Invertir esta secuencia no acelera el proceso: lo distorsiona.

Argentina y la necesidad de un pacto estratégico

Este debate no puede quedar atrapado en ciclos políticos ni en urgencias presupuestarias.

Requiere un acuerdo de largo plazo. Un pacto de continuidad estratégica que permita sostener una dirección más allá de los gobiernos.

Porque la transformación del instrumento militar no es un proyecto administrativo. Es un proyecto de país.

Y ese país ya está cambiando.

Las dinámicas productivas están empujando migraciones internas hacia sectores vinculados al agro, la minería y la energía. Nuevos polos de desarrollo emergen en el interior, modificando la distribución demográfica, económica y, por extensión, estratégica.

La defensa no puede ignorar ese proceso.

Debe anticiparlo.

Pensar la Argentina antes de equiparla

Antes de adquirir sistemas, plataformas o tecnología, Argentina necesita responder una pregunta más profunda:

¿Qué sociedad quiere proteger y en qué tipo de mundo va a tener que hacerlo?

Sin esa respuesta, cualquier inversión será, en el mejor de los casos, parcial. Con esa respuesta, en cambio, cada decisión adquiere sentido.

Porque no se trata de tener más capacidades. Se trata de tener las capacidades correctas para el futuro que viene.

Y ese futuro no se compra.

Se diseña.

Hacia un instrumento para fundar

Pensar la Argentina antes de equiparla no es solo un ejercicio intelectual. Es una necesidad operativa.

Porque si el desafío es fundar —y no simplemente modernizar— entonces también es necesario crear los instrumentos que permitan llevar adelante esa transición.

En ese marco, comienza a tomar forma un concepto inicial: Comando 40, un instrumento para la fundación de un nuevo instrumento militar.

No como una estructura más dentro del esquema existente, ni como una unidad convencional, sino como un instrumento de experimentación, diseño y validación de lo que podría ser una nueva forma de concebir la defensa.

Un espacio donde puedan integrarse:

  • nuevas doctrinas,

  • nuevas tecnologías,

  • nuevas formas de organización,

  • y, fundamentalmente, un nuevo perfil de combatiente.

Pero también un ámbito donde el error no sea penalizado, sino utilizado como insumo para la evolución. Donde la antifragilidad deje de ser un concepto teórico y pase a ser una práctica concreta.

Comando 40 no vendría a reemplazar lo existente.
Vendría a convivir con él, tensionarlo, desafiarlo y, eventualmente, transformarlo.

Porque ningún sistema complejo se reforma desde adentro sin generar, al mismo tiempo, un espacio externo que explore sus límites.

Abrir la conversación

Si Argentina necesita definir una nueva defensa, también necesita abrir nuevos espacios para pensarla, probarla y construirla.

Comando 40 es, por ahora, solo una idea en desarrollo.

Pero como toda idea que apunta al futuro, su valor no está únicamente en su forma final, sino en las preguntas que obliga a hacerse desde el inicio.

Y en un escenario donde la incertidumbre es la única constante, tal vez la mayor ventaja no sea tener todas las respuestas…

sino empezar a construir los lugares donde esas respuestas puedan aparecer.

 

Argentina frente al futuro de la guerra

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