tabula2.png

El Do Tank Tabula Rasa propone mediante la reflexión crítica transformar ideas en acciones

John Boyd y la guerra de la mente

John Boyd y la guerra de la mente

Escrito por Alumno 16 y GiuliA - ¨Desafiando las fábricas de latencia¨

Educar para destruir y crear en el siglo XXI

Hablar de educación militar en el siglo XXI sin mencionar a John Boyd es como hablar de aviación sin entender la sustentación. Boyd no fue solo uno de los mejores pilotos de combate de su generación. Fue, sobre todo, el pensador que entendió antes que nadie que la guerra moderna se decide en la mente humana, no en el armamento.

Décadas antes de los drones, de la inteligencia artificial y de los sensores persistentes, Boyd ya había diagnosticado el problema central de los sistemas militares tradicionales: forman personas para conservar modelos, no para destruirlos cuando dejan de servir.

Ese error hoy no es académico. Es letal.

Pensar es romper: destrucción y creación

Boyd sostenía que la mente humana funciona construyendo modelos mentales para entender la realidad. El problema aparece cuando esos modelos se rigidizan, se vuelven dogma y empiezan a imponerse sobre la realidad en lugar de adaptarse a ella.

Su concepto de Destruction and Creation no es filosófico: es operativo.

Pensar, para Boyd, implica un ciclo permanente de tres movimientos:

  1. Desintegración
    Romper los conceptos heredados en partes pequeñas. Analizar sin respeto institucional. Preguntarse para qué existía cada idea, cada estructura, cada jerarquía.

  2. Destrucción del dominio
    Aceptar que, cuando el entorno cambia, el modelo viejo deja de encajar. Insistir en él no es tradición: es obstinación suicida. Boyd era brutal en esto: un sistema que ya no explica la realidad es un perro muerto.

  3. Síntesis
    Tomar los fragmentos útiles y recombinarlos en algo nuevo, coherente con el entorno actual. No nostalgia. Diseño.

Ese ciclo describe con precisión quirúrgica lo que hoy exige la formación militar: destruir la arquitectura educativa pensada para un mundo lento y opaco, y crear otra capaz de operar en un mundo veloz, transparente y ambiguo.

El Ciclo OODA: mucho más que decidir rápido

El aporte más citado de Boyd es el Ciclo OODA: Observar, Orientar, Decidir, Actuar. Pero la mayoría lo repite como mantra sin comprender su núcleo.

La clave no está en la decisión ni en la acción.
La clave está en la Orientación.

La orientación es el lugar donde confluyen:

  • la cultura,

  • la formación intelectual,

  • la experiencia,

  • los prejuicios,

  • la capacidad de integrar información incompleta.

Un combatiente puede observar mucho y actuar rápido, pero si está mal orientado, decide mal a mayor velocidad.

Por eso, el problema central del combate moderno no es tecnológico. Es educativo.
Un sistema que no forma pensamiento sistémico produce operadores veloces… dentro de marcos mentales obsoletos.

Ritmo (Tempo): encerrar al adversario en su caos

Boyd introdujo otro concepto crítico: el tempo.
No se trata solo de ser rápido, sino de operar a un ritmo que el adversario no pueda seguir, forzándolo a reaccionar fuera de sincronía.

Quien domina el tempo:

  • desorganiza al enemigo,

  • rompe su coherencia interna,

  • lo obliga a actuar sin entender.

En el siglo XXI, ese tempo no lo impone solo la tecnología. Lo impone la calidad cognitiva de quienes toman decisiones.

Un sistema educativo lento, burocrático y fragmentado no solo forma mal: entrena a sus cuadros para perder el ritmo.

El verdadero enemigo: la burocracia mental

Boyd entendía que los mayores enemigos de la adaptación no estaban afuera, sino adentro de las instituciones. Por eso repetía a sus discípulos una frase incómoda:

“¿Quieres ser alguien o quieres hacer algo?”

Ser alguien implica:

  • no cuestionar estructuras,

  • no romper consensos,

  • preservar carreras y rituales.

Hacer algo implica:

  • destruir lo obsoleto,

  • incomodar jerarquías,

  • pagar costos personales para proteger al sistema en el largo plazo.

La educación militar tradicional suele premiar lo primero y castigar lo segundo. Boyd demostró que ese camino conduce a fuerzas prolijas… y estratégicamente inútiles.

Del soldado obediente al guerrero cognitivo

El combate contemporáneo no permite refugiarse en la obediencia automática. Las decisiones ocurren demasiado rápido y demasiado abajo en la estructura como para delegar la responsabilidad hacia arriba.

El guerrero del siglo XXI es, ante todo, un nodo cognitivo:

  • capaz de orientarse en entornos saturados,

  • de integrar información contradictoria,

  • de decidir bajo presión sin instrucciones completas,

  • de actuar entendiendo el impacto sistémico de su acción.

Eso no se improvisa.
Se forma.

Y se forma destruyendo primero los modelos educativos que enseñan a repetir antes que a pensar.

Educar para destruir… y crear

Aplicar a Boyd hoy no significa copiarlo. Significa continuar su lógica.

Educar para el siglo XXI implica:

  • aceptar que no todos los perfiles sirven,

  • priorizar la calidad cognitiva sobre la cantidad,

  • formar orientación antes que procedimientos,

  • crear equipos estables que funcionen como unidades mentales,

  • pensar al instrumento militar como una red viva, no como una pirámide rígida.

Eso no es reforma.
Es ruptura.

Epílogo: Boyd sigue siendo incómodo

John Boyd nunca fue completamente aceptado por la institución que ayudó a transformar. Demasiado disruptivo. Demasiado honesto. Demasiado peligroso para la comodidad burocrática.

Ese es el mejor indicador de su vigencia.

En un mundo donde la guerra se decide en segundos y la información nunca está completa, educar sin destruir modelos mentales es condenar a decidir tarde y mal.

Boyd lo entendió antes.
Hoy ya no entenderlo no es un error intelectual.

Es una irresponsabilidad estratégica.

La urgencia de un sistema educativo revolucionario

La urgencia de un sistema educativo revolucionario