tabula2.png

El Do Tank Tabula Rasa propone mediante la reflexión crítica transformar ideas en acciones

Mykhailo Fedorov: el ministro que aprendió a innovar bajo fuego

Mykhailo Fedorov: el ministro que aprendió a innovar bajo fuego

Escrito por Alumno 16 y GiuliA Conocimiento híbrido en acción. Aprendiendo de los conflictos en desarrollo.

Cuando Ucrania decidió nombrar a Mykhailo Fedorov como ministro de Defensa, a comienzos de 2026, no eligió a un general, ni a un estratega clásico, ni a un burócrata con carrera en despachos. Eligió a un tecnócrata de 34 años formado en transformación digital, plataformas electrónicas, innovación pública y gestión de sistemas complejos.

La designación es, en sí misma, un mensaje: el problema de Ucrania ya no es solo resistir una invasión. Es adaptarse más rápido que la guerra.

Fedorov no llegó al Ministerio con una doctrina militar bajo el brazo. Llegó con una convicción simple y brutal:

La tecnología sin estructura nueva es apenas chatarra sofisticada.

Y lo dijo sin eufemismos en el Parlamento:

“Hoy es imposible combatir con tecnologías nuevas usando una estructura antigua.”

No es una frase para titulares. Es el resumen de una experiencia acumulada durante años de combate real.

Un ministro nacido del laboratorio de la guerra

Ucrania no transformó su modo de combatir por moda tecnológica. Lo hizo por supervivencia.

Sin superioridad aérea, sin superioridad numérica, sin industria militar tradicional comparable a la rusa, el país se vio obligado a innovar con lo que tenía: ingenio, adaptación, prueba y error.

Drones comerciales. Sensores baratos. Software improvisado. Impresoras 3D. Células autónomas. Comunicaciones distribuidas. Algoritmos adaptados sobre la marcha.

Nada de eso nació perfecto. Todo nació fallando.

Pero el sistema ucraniano aprendió algo que muchos ejércitos aún no aceptan:
el error es parte del diseño.

En ese proceso, los drones dejaron de ser herramientas auxiliares y se convirtieron en el principal vector de desgaste. En algunos sectores del frente, hasta un 70 % de las bajas rusas comenzaron a ser atribuidas a sistemas no tripulados, muchos de ellos derivados de plataformas comerciales modificadas en talleres improvisados.

No fue magia. Fue metodología.

La verdadera innovación no fue tecnológica

La innovación no estuvo en el dron.

Estuvo en la conducta del combatiente.

El soldado ucraniano dejó de ser un ejecutor de procedimientos para convertirse en un operador adaptativo. Aprendió a modificar, combinar, experimentar, compartir soluciones en red. Aprendió que el manual no es una ley, sino un punto de partida.

Fedorov entendió que ese cambio cultural era más importante que cualquier sistema de armas.

Por eso su diagnóstico no se centró en comprar más tecnología, sino en transformar la estructura que debía usarla.

Porque una jerarquía rígida, en guerra acelerada, mata más decisiones que el enemigo.

El mensaje oculto detrás de su discurso

Cuando Fedorov habla de estructura organizativa, no habla de organigramas. Habla de:

  • Velocidad de decisión.

  • Capacidad de aprendizaje.

  • Autonomía responsable.

  • Fluidez de información.

  • Integración humano–máquina.

Está diciendo que la guerra moderna no se gana con cadenas de mando largas, sino con ecosistemas de decisión distribuidos.

Está diciendo que el ejército debe parecerse menos a una pirámide y más a una red.

Y lo dice alguien que vio cómo las redes salvan vidas en tiempo real.

Guerra como laboratorio permanente

Ucrania convirtió el campo de batalla en un laboratorio táctico.

Cada combate genera datos.
Cada pérdida genera una corrección.
Cada innovación se replica en horas, no en años.

Ese ciclo continuo de observación, adaptación y ejecución es, en esencia, el ciclo OODA de Boyd llevado al extremo operacional.

Fedorov no lo nombra. Pero lo aplica.

Y al aplicarlo, está demostrando algo incómodo para muchos sistemas militares tradicionales:

La doctrina puede volverse obsoleta más rápido que el enemigo.

Un ministro para tiempos irreversibles

Fedorov no es un ministro de transición.
Es un ministro de mutación.

Su misión no es conservar el instrumento militar.
Es evitar que quede obsoleto antes de que termine la guerra.

Y ese es el desafío más difícil de todos.

Porque transformar en guerra es más complejo que transformar en paz. No hay margen para el error político, pero sí para el error técnico. No hay tiempo para consensos largos, pero sí para aprendizajes rápidos.

Lo que Fedorov realmente está indicando

No está diciendo “compremos drones”.

Está diciendo:

  • Cambien cómo mandan.

  • Cambien cómo entrenan.

  • Cambien cómo aprenden.

  • Cambien cómo piensan la autoridad.

Está diciendo que el ejército del siglo XXI no puede funcionar como una burocracia armada.

Debe funcionar como un organismo vivo.

El síntoma del siglo XXI

Fedorov no es solo una persona.
Es un síntoma.

El síntoma de que la guerra ya no admite estructuras del siglo XX.
El síntoma de que la tecnología sin cultura no sirve.
El síntoma de que la jerarquía sin adaptación se convierte en un riesgo.

Ucrania no eligió a Fedorov porque sea joven.
Lo eligió porque representa una forma distinta de entender el conflicto.

Una forma donde la innovación no es un proyecto.
Es una conducta.

Este artículo no habla solo de Ucrania.
Habla del futuro de todos los instrumentos militares.

Y ese futuro, como Fedorov parece haber entendido antes que muchos, ya no espera a nadie.

El guerrero del siglo XXI: El límite humano en sistemas autónomos

El guerrero del siglo XXI: El límite humano en sistemas autónomos