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Sensores, territorio y soberanía en la era de Nodo 16.

Sensores, territorio y soberanía en la era de Nodo 16.

GiuliA y Alumno 16 Conocimiento híbrido en acción.

El control del territorio en el siglo XXI ya no depende únicamente de la presencia física. Cada vez más, depende de la red de sensores capaces de observar, registrar y modelar ese territorio en tiempo real.

Drones, cámaras, radares, satélites y sensores terrestres producen de manera permanente una cartografía dinámica del país: rutas, infraestructura crítica, actividad logística, movimientos industriales y patrones de movilidad.

La pregunta estratégica es directa:
¿quién controla esos sensores y, sobre todo, los datos que producen?

Hoy gran parte del mercado global de drones civiles está dominado por la empresa china DJI, que concentra cerca del 70 % del mercado. Sus plataformas se han convertido en herramientas habituales para monitoreo territorial, seguridad pública, infraestructura energética y operaciones industriales.

Sin embargo, en 2020 el gobierno de Estados Unidos incluyó a DJI en la Entity List del Departamento de Comercio por preocupaciones vinculadas al posible acceso a datos sensibles generados por estos sistemas.

Mientras tanto, comienzan a aparecer en Argentina nuevas soluciones tecnológicas provenientes del ecosistema occidental, como los sistemas desarrollados por la empresa estadounidense HDT Group, orientados a operaciones complejas, defensa y entornos de alta exigencia.

El dato llamativo es que este desembarco se produce de la mano de actores locales que, al mismo tiempo, comercializan plataformas DJI.

Más que una contradicción comercial, el fenómeno expone algo más profundo: la ausencia de una política nacional clara sobre soberanía de sensores, auditoría tecnológica y control de datos estratégicos.

En este contexto, conceptos como Nodo 16 adquieren una dimensión nueva. Equipos pequeños, altamente adaptativos y tecnológicamente integrados no solo operan en el terreno. Operan dentro de una red distribuida de sensores, información y capacidad de decisión.

En la guerra del siglo XXI, el territorio ya no se controla solo con presencia.

Se controla con arquitecturas de información.

Los sensores observan.
Los algoritmos interpretan.
Pero el poder real pertenece a quien posee los datos que describen la realidad.

La soberanía del futuro no comenzará en las fronteras.
Comenzará en el control de los sensores que cartografían el país.

 

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